DESPRECIO

Quién fue la única mujer en la vida de Juan Carlos que sabía como humillarlo: "Es menos que nada"

Para el Emérito, fue imposible deshacerse de ella y solo respiró cuando falleció.
miércoles, 2 de junio de 2021 · 12:54

Hubo una sola mujer en la historia del Rey Juan Carlos que podría ser catalogada como la única que jamás cedió ante sus encantos ni su zalameria campechana. De hecho, hay cronistas que aseguran que no hubo mujer en toda Europa que sintiera más aversión por el exmonarca que ella. Su nombre, Federica de Hannover, Reina de Grecia y madre de la Reina Emérita Sofía.

Según relata el diario "Moncloa", la suegra del Rey Juan Carlos tenía solo tres prioridades en su vida: su esposo, el Rey Pablo I de Grecia, el país y luego, en último lugar, sus hijos. Sin embargo, esto no significó que la griega no tuviera altas expectativas con respecto a su hija Sofía, con quien soñaba desposarla con un heredero de una considerable Casa Reinante.

La suegra del Rey Juan Carlos debió casar a su hija con el hombre que le arruinaría la vida al convertirla en Reina.

Nunca estuvo en sus planes, ni siquiera en lo más mínimo, emparentar a su hermosa hija con el Rey Juan Carlos. Siempre apuntó hacia otros horizontes y su opción primera había sido el Príncipe Harald de Noruega. Consideró imperdonable que este hubiera preferido luchar contra el trono por amor a una plebeya por encima de una Princesa de linaje, situación que la obligó a tomar alguna acción desesperada para intentar lavar la cara de Sofía ante semejante humillación.

Y ahí estaba él, en su edad moza, el Rey Juan Carlos, "Juanito" para sus familiares: pupilo de un dictador español, hijo de los Condes de Barcelona, en su momento, bajo el cargo de Príncipe y Princesa de Asturias. Mujeriego, campechano y no tan guapo, solo lo suficiente. Amén de las lenguas viperinas que comentaban su despecho por María Gabriela de Saboya y sus amoríos con Olghina Robilant. ¿Podría haber mayor desgracia que aquella?

El beso de Judas: El Rey Juan Carlos selló su destino junto a Sofía y su peor detractora.

Sin embargo, Federica tuvo que considerar a este potencial pretendiente por las razones ya conocidas. Franco había nombrado al Rey Juan Carlos como su sucesor. Sería Monarca incluso anteponiendo su posición sucesoria a la de su padre Don Juan de Borbón. A regañadientes tuvo que acceder, nunca estuvo convencida, pero sus posibilidades de "casar bien" a la princesa Sofía se estaban agotando.

Para Federica de Hannover, el retrato familiar de los Borbón también resultaba preocupante: en contraposición con la unión familiar dentro del núcleo de la Familia Real griega, sus pares españoles distaban de todo aquello. El padre del Rey Juan Carlos, Don Juan de Borbón, fue un hombre desplazado mientras que su esposa, la Princesa doña María de las Mercedes, incapaz de superar el accidente que se cobró la vida de su hijo el príncipe Alfonso, desarrolló una peligrosa dependencia al alcohol que la acompañó por el resto de su vida.

Nunca hubo amor en aquel matrimonio. Pilar Eyre destacó que el Rey estuvo a punto de atacar a su esposa frente a Federica.

En realidad, la suegra del Rey Juan Carlos sentía rechazo por esta penosa situación que embargaba a la Familia Real española, y más aún sentía desprecio por el Emérito y no se amilanaba en demostrarlo con el humillante apodo con el que solía referirse a él: "El chico de los Barcelona", en alusión al hecho de que sus padres nunca pudieron ser reyes, y otros menos amables como "desgraciado" y "menos que nada".

La relación entre el Rey Juan Carlos y Federica de Hannover nunca fue la mejor. La periodista Pilar Eyre, en sus crónicas, llegó a señalar que la Gobernante y tuvo que intervenir frente a una pelea entre el monarca y su hija, quien estuvo a punto de agredirla físicamente. Además, era consciente del maltrato y las humillaciones que el Rey profería contra su esposa y la ira no cabía dentro de su humanidad.

Frente a su arruinada relación, el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía supieron mantener su rol institucional.

Un reflejo de la mala relación entre el Rey Juan Carlos y su suegra quedaría plasmado el día en que esta falleció en medio de una cirugía de tipo estética en los párpados. El Emérito y su esposa se encontraban de vacaciones esquiando en Baqueira Beret cuando recibieron la noticia. La Reina Sofía se trasladó en solitario a Madrid por medio de un helicóptero desde Zarzuela mientras que el Rey Juan Carlos en lugar de acompañarla decidió no interrumpir sus días de vacaciones por este motivo.

Fue una mujer amada a su regreso a su tierra natal, Grecia, en 1946 cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial. Con los años, pasó a ser la mujer más odiada del país helénico gracias a sus hábitos de derroche y ostentación en medio de un país en ruinas. Nunca se preocupó en negar que primero fue esposa antes que madre, pero eso no le restaba amor y preocupación por sus tres hijos Constantino, Sofía e Irene. Pero, si de antagonismos se trata, nunca retrocedió ante el Rey Juan Carlos y hasta le demostró ser la única mujer que lo odiaría hasta el fin de sus días.