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El mal augurio, palabrotas y otros hechos que presagiaron el fracaso matrimonial de la Infanta Elena

Si se lo hubieran advertido antes, la primogénita del Rey Juan Carlos no se casaba.
jueves, 18 de marzo de 2021 · 15:02

Un día como hoy, hace 26 años exactamente, ocurría uno de los enlaces  más esperados por la Familia Real y que en su momento sería el evento social del momento. La Infanta Elena y Jaime de Marichalar se unían en casi sagrado matrimonio.

El "casi" se sobreentiende en nuestros días, tomando en cuenta que eso ya es agua pasada y tanto la hija del Rey Juan Carlos como su exesposo, apenas si intentan tener un trato cordial, después de varios años de separación y por el bien de sus hijos Victoria Federica y Froilán Felipe.

La Infanta Elena y Jaine de Marichalar.

Pero rememorando en lo que fue para la Infanta Elena el mejor día de su vida, hubo algunos hechos curiosos que amenazaron con restarle protagonismo a la entonces novia, entre préstamos, joyas perdidas y un accidente que posiblemente auguró el desastre matrimonial que vendría después.

Si contamos con las anécdotas que extendió la escritora Pilar Eyre para "Lecturas", la razón por la cual está boda fue tan esperada, es porque en el fondo, el Rey Juan Carlos tendría dudas de poder casar a la Infanta Elena, tras su supuesta incapacidad psicológica y por si fuera poco, la simplona imagen para nada moderna ni favorecedora con la que la Reina Sofia la vestía. A esto, el Emérito llegó a quejarse con su esposa "¡Pero que las vistas mejor mujer! ¿cómo le vamos a conseguir marido así?"

En aquel momento, la boda de la Infanta Elena había sido el evento más importante en décadas.

Inolvidables historias familiares aparte, el sueño de Don Juan Carlos se cumplió, aunque el novio no le convencía del todo. "La Boda de las Mantillas" fue el nombre con el que la prensa del momento bautizó ésta celebración que protagonizó la primogénita de los reyes Eméritos, en el que esté tocado castizo fue el principal complemento de las damas invitadas. Desde la Reina Sofía hasta la última de ellas debían llevarlo en solo tres colores permitidos: negro, blanco y lo que hoy conocemos como "nude".

La Infanta Elena lució un sencillo diseño estilo princesa del diseñador Perro Valverde que entonó perfecto entre tanto glamour presente. Tal como reza aquel dicho que dice "lleva algo nuevo, algo prestado y algo azul" del último no sabemos, pero de joyas prestadas sí: la hermosa tiara estilo griega que llevó, es joya perteneciente a los Marichalar y sus pendientes, son parte del joyero de la Reina Sofía, quien casi le roba el protagonismo a la novia con un maravilloso vestido azul y de su cuello, una versión falsa de la legendaria perla en forma de gota "La Peregrina".

La Infanta Elena y su padre el Rey Juan Carlos con cabestrillo en plena ceremonia.

Pero el tono disruptivo de la ceremonia de la Infanta Elena fue -como es costumbre-, cortesía del Rey Emérito, quien condujo a la novia al altar con una escayola justo en el brazo con el que debía caminar junto a ella. Esto, con motivo de un accidente que sufrió mientras esquiaba meses antes en Candanchú. Según Eyre, los nervios de la novia la hacían tropezar contra el Rey, quien se mandaba por lo bajo cuánta palabrota se le atravesaba por el dolor que esto le ocasionaba.

Más allá de los entretelones, fue una boda de ensueño que además contó con la presencia del Principe Carlos de Inglaterra, quien solo permaneció en la ceremonia de la Iglesia. Pero toda Sevilla celebró junto a la Infanta Elena y su marido, en una boda tradicional y muy romántica, pero que no duró quizás por los malos presagios o las muy famosas "diferencias irreconciliables", hoy, como tantos muchos recuerdos que datan de los buenos momentos con una Familia Real unida y feliz, son parte de la memoria histórica de los Borbón, tiempos que no volverán.

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