Sorprendente

Los polémicos tesoros que Joaquín Sabina esconde en su casa por temor a la opinión pública

El cantautor tiene una pasión que guarda en los rincones de su cuarto y comedor.
sábado, 11 de septiembre de 2021 · 00:00

Durante un tiempo, una de las casas más populares de Madrid fue la de un cantautor internacional, y a muchos fanáticos les hubiera encantado conocerla: la casa de Joaquín Sabina. La leyenda cuenta que le dio la llave a “media ciudad”, hasta que Jimena Coronado puso un freno a esta situación. Ahora, el piso del trovador es todo un museo de recuerdos de literatura, música y también toros: es una pasión que mezcla un sueño frustrado en su vida. Hubiera deseado ser un diestro, y por ello no solo conserva objetos, sino que también defiende la actividad contra la “ignorancia de los antitaurinos”.

Uno de los tesoros que más llama la atención en la casa del autor de “Y nos dieron las 10” es el capote de Manolete de su cuarto. Se repite la decoración de esta manta en el comedor, que también combina entre fotografías, escritos y máscaras, algunos de los recuerdos que acumuló de sus giras mundiales. Otra de las grandes características de esta casa bohemia es la cantidad de libros que acumuló: podemos encontrar tesoros de Julio Verne, Emilio Salgario o Luis Cernuda. A diferencia de las relaciones personales con novias o amigos, siente que las obras literarias “nunca lo dejaron en soledad”.

Me gusta coleccionar objetos que a menudo no tienen ningún valor

Joaquín Sabina en su casa.

La persona que sin dudas llegó a la vida del trovador para ponerle orden emocional y material fue Jimena Coronado. La mujer que enamoró a Joaquín Sabina le pudo quitar muchos hábitos, pero el de guardar recuerdos se ha potenciado notoriamente. El aclamado artista defiende que cada objeto tiene un alma propia, ya sean juguetes antiguos, libros o tablas de sarhua. “Elle decor” precisa que dentro de esta especie de museo viviente, se encuentran muchos objetos alusivos a la tauromaquia que pueden dividir las aguas entre los fanáticos. El inolvidable José Tomás vive en uno de los capotes que conserva el cantautor, quien defiende esta tradición hasta las últimas consecuencias. En su opinión, el oficio de torero es toda una “metáfora de la vida”.

Si algo caracterizó siempre al autor de “19 días y 500 noches” es su valentía para expresar sus ideas, más allá de la censura y los reproches del medio artístico. Tal como precisa “ABC”, no le interesa que reprochar a los taurinos sea lo “políticamente correcto” en esta era. Por ello no se avergüenza de los capotes de Manolete de su casa, debido a que siente que la gente es “ignorante” al respecto. También se cruza su sueño frustrado de ser torero, o bien un poeta, como deslizó en otros tiempos. Aún en las madrugadas, se pregunta cómo acercarse a Quevedo y los artistas que tanto lee. Si tuviese que salvar uno de los objetos de este piso, Joaquín Sabina no dudaría en preservar un original de Víctor Hugo.

El cuarto de Joaquín Sabina.

No sabemos si se trata de una edición de “Los miserables”, “El hombre que ríe” u otra reconocida obra del francés. En este caso, el cantautor es mucho más reservado que aquel hombre que rifó las llaves de su casa en el pasado. Los escritos que José Hierro le corrigió los tiene prácticamente en una caja de cristal, de acuerdo a “Elle Decor”. El caballo de tiovivo salido de un carrusel perdido, o las máscaras oriundas del glamour de Venecia están a la vista. Pero en lo referido a la literatura, prefiere que los tesoros no estén a la vista. Otra influencia notoria es la peruana, motivada por su amada “Jime”. Ahora es más fácil encontrar a Mario Vargas Llosa entre los autores del boom latinoamericano que tanto admira. Según “El País”, otra de las obras literarias destacadas es la de Luis García Montero. Son poemas que a menudo “lo ponen en su sitio” cuando se siente nervioso o angustiado.