DEVASTADOR

Los indicios que deberían preocupar a los reyes: no todo está bien con la Infanta Sofía

Si no se presta atención a las señales que envía la menor del clan monárquico, será peor.
sábado, 28 de agosto de 2021 · 03:30

Desde que a principios de año Casa Real anunciara la incorporación de la Princesa Leonor en las filas del "UWC Atlantic College", la ruta periodística ha dedicado ríos de tinta a todas las incidencias con respecto a este esperado viaje para la heredera. No obstante, muy pocos se han detenido a pensar siquiera cómo la está pasando la Infanta Sofía de cara a esta situación tan inédita para ella.

A través de la revista "Lecturas" pudimos constatar que la Infanta Sofía iniciará el nuevo año escolar a partir del próximo 9 de septiembre, por supuesto, en el colegio Santa María de Los Rosales. Aunque aparentemente todo seguirá igual y no parece que haya mayores vueltas para darle a su situación, para ella, por el contrario, la vida ha cambiado de forma muy drástica. 

La Infanta Sofía empezará un nuevo camino que sin duda, no esperaba.

Por primera vez, la Infanta Sofía deberá apañárselas sola después de compartir toda su vida junto a la Princesa Leonor como  compañeras de estudio en este caso particular. Recordemos que desde el año 2010, las hermanas ingresaron al Santa María desde muy temprana edad.

Para cuando la Infanta Sofía comenzó su ciclo de educación obligatorio a los tres años, la primogénita le llevaba una ventaja de dos años, y a partir de allí, con cada curso, las dos asistían junto a sus padres a su primer día de clases.

Desde que recuerda, la Infanta Sofía siempre pudo contar con la Princesa Leonor en cada paso.

Hoy en día, la benjamina de los reyes tiene 14 años y deberá enfrentar su primer choque de realidad. De aquí en más y hasta dentro de un par de años, su compañera de vida ya no será tan accesible como siempre: las visitas serán muy contadas y programadas de acuerdo a algunas fechas.

Para la menor del clan monárquico, aprender a manejar el desapego será crucial y lo peor es que deberá hacerlo en tiempo récord y de forma pública. Después de todo, nadie espera captarla en su primer día de curso, con gestos tristes y menos que menos con indicios de llanto. Parece cruel, pero es una realidad para la Infanta Sofía. En público ni una cosa ni la otra están permitidas bajo ninguna circunstancia.

No será fácil para la Infanta Sofía pero es por el bien de la heredera y ella lo sabe bien.

Pero seguramente, mientras la Princesa Leonor se embarca en una aventura escolar sin precedentes que no le dejará espacio siquiera para extrañar a sus seres queridos, para la Infanta Sofía la ausencia de su par podría ser fuerte de sobrellevar.

Se terminan las complicidades, las conversaciones en sus propios códigos, la compañía impagable que solo la Princesa Leonor podía brindarle Ante este vacío significativo, ¿qué queda para atenuar las tristezas? Mucho apoyo familiar, algunas videollamadas, y comprensión ante algún bajón de ánimo, tan humano e inoportuno. Después de todo, la Infanta Sofía no pidió vivir este momento, aunque sabe que es justo y necesario para que su querida Leonor pueda afianzarse en su camino como heredera.