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Antonio Canales explicó cómo vivía cuando no tenía dinero ni techo al llegar a Madrid

El cantaor solo tenía el apoyo de una persona.
martes, 20 de julio de 2021 · 06:00

La humildad hace a los grandes, quienes entienden que llegar a la cima es fruto de trabajo, resignación y, en algunas ocasiones, del sufrimiento. Antes de ganar el Premio Nacional de Danza, o la reciente Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Antonio Canales tuvo que pasar fuertes experiencias en la calle. Tampoco tenía el apoyo de su padre, por lo que su carrera inició realmente desde muy abajo.

El bailaor confesó que cuando llegó a Madrid, tenía que dormir en calles como El Retiro, Preciados o incluso refugiarse en la estación Atocha. No tenía un techo donde vivir, ni tampoco un medio para poder alimentarse. Por ello, el artista entiende muy bien a quienes pasan hambre y recurren a organizaciones sociales o conventos solidarios. Los secretos contados en “Volverte a ver” los conocían pocos, pues si bien le ha gustado siempre referirse a su vida, anteriormente lo hizo con humor. En “Recuerdos”, ha relatado gran parte de su vida, desde su llegada al estrellato hasta aquellos días en que concurría al colegio de los Salesianos en Triana.

En invierno, me decían que tenía que irme a Preciados, a Legazpi, a Atocha o al metro y envolverme en los cartones para no pasar frío.

El bailaor sevillano, años atrás.

Vivir en la calle es una experiencia de la cual se aprende. Antonio Canales no creía que luego de abandonar su casa de Sevilla, aquellos fondos que le enviaban sus padres se terminarían rápidamente. Según precisa “Hola”, tuvo que buscarse la vida entre los ensayos de ballet y las “filas del hambre” que ahora, en pandemia, se han hecho muy habituales en Madrid. Concurría específicamente al barrio Huertas, donde aguardaba por una ración de comida. La subsistencia fue lo más difícil, pues los prejuicios de su familia habían quedado atrás. El cantaor había sufrido por ser un niño al cual le gustaba el baile: cuando pedía practicarlo en compañía de su tía o abuela, recuerda muy bien las advertencias de la mirada paterna.

Pero a mí se me iban los pies.

Tal como reveló a “El Mundo”, era un niño al cual le gustaba jugar al fútbol, pero no estaba socialmente aceptado que bailara. “Eso es de niñas”, le repetían para que dejara atrás su sueño de ser un bailaor de flamenco. Esta adversidad fue la que motivó al artista para que continuara su camino. En una gran metáfora, resume que la danza es “tan buena madre como mala madrastra”. El talento debe ser siempre demostrado a fuerza de trabajo, algo que sus compañeros en Madrid notaron al verlo llegar a los ensayos. Con una simple maleta y tendiendo humildes mallas, Antonio Canales entrenaba de un día al otro en la precariedad. Este esfuerzo fue recompensado con una carrera exitosa, que tuvo un apoyo fundamental bajo el silencio.

Antonio Canales.

Ella es una gran artista, me dio la vida y más quisiera yo llegarle a la altura del tobillo.

En los buenos y malos momentos, el cantaor sevillano se refugió en su madre, Pastora. “Hola” precisa que recibió una sorpresa de su parte en “Volverte a ver”, donde aprovechó para decirle que era la persona a la que más quería en el mundo. Comparó el baile de su hijo con el de los ángeles, y terminaron abrazándose frente a las cámaras, una escena que jamás se hubiera imaginado por la presión de su padre. Hace unos cinco años, confesó que su vida corrió riesgo por los fuertes rumores sobre su vida personal. Siendo un artista sumamente consagrado en la escena del flamenco, reveló a “El País” que tuvo que dar explicaciones a su propia familia. Años después, su orientación se convirtió en un tema menor. Su mayor consejo para los detractores ha sido que “se miren en un espejo”, tanto para saber quiénes son y de dónde vienen.

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