INDIGNANTE

El Rey Felipe atado por Sánchez: la descarada estrategia del presidente para sacarlo del medio

Es tan evidente ante los ojos del Soberano que el mandatario ni se esfuerza en ocultarlo.
sábado, 10 de julio de 2021 · 05:00

¿Cómo catalogar la relación existente entre el Rey Felipe y el presidente de gobierno, Pedro Sánchez? ¿Complicada?, ¿disfuncional? y esto como mínimo para no extendernos en detalles. Parte de lo que ocurre supone que tiene que ver con los desencuentros a nivel de ideologías políticas y metodologías para accionar, pero en el caso de estos dos servidores públicos, las cosas se complican cada vez más.

El Rey Felipe cada vez más limitado en su gestión como Jefe de Gobierno.

Tengamos en cuenta que si de algo no dispone el Rey Felipe es de capacidad de viraje, pues la Constitución es restrictiva en este sentido. ¿Cuáles son sus radios de acción entonces? A saber, puede aconsejar al Ejecutivo sobre temas nacionales y su carácter representativo no debe incordiar con la agenda política del Primer Mandatario nacional, pero claramente, son actividades bien definidas y diferenciadas.

Pero lo que podemos asegurar bajo un puñado de cruces, es que en el entramado jurídico de las leyes españolas no aparecen grabados en piedra los desplantes que pueda recibir el Jefe de Estado por parte del Presidente de turno y cuando le apetezca. Según el diario "El Español", "Casa Real" no puede con su propia indignación, pues considera que Pedro Sánchez desmerece la importancia del Monarca en asuntos donde la mano ejecutiva no puede alcanzar, pero utiliza su imagen como moneda de cambio para alcanzar propósitos egoístas.

Es evidente que Zarzuela y Moncloa no actúan juntas, sino como fuerzas de choque en las figuras del Rey Felipe y Pedro Sánchez.

¿Cuántas veces Pedro Sánchez se ha limpiado las narices con la estampa del Rey Felipe? No han sido una ni dos, sino varias veces en lo que va de la administración de Sánchez y las tenemos contadas: enterarse por teléfono quienes conformaban el nuevo gabinete ministerial en lugar de convocar una audiencia como mínima muestra de respeto; la prohibición al Rey de invitaciones a eventos en los que siempre se espera su asistencia, cuentan como algunos de los desplantes que el Monarca ha recibido sin decir ni una sola palabra.

Pero el hecho que roza los límites del descaro, son las acciones que el presidente ha tomado de cara al conflicto entre España y Marruecos por la severa crisis migratoria presente en las ciudades fronterizas de Ceuta y Melilla. Hasta ahora, la estrategia diplomática de Pedro Sánchez no ha arrojado grandes resultados, a pesar de que la solución evidente esperó por varias semanas su llamada en su despacho de Zarzuela.

"Entre monarcas que se entiendan", el consejo que nadie se atrevió a dar al presidente para que el Rey Felipe interviniera con Mohamed VI.

Desde diplomáticos medios y hasta la población, coincidieron en la misma respuesta al filoso tema con respecto al ofendido Rey alauí: el Rey Felipe -ya que no contamos con Don Juan Carlos por las razones que sabemos- habría solucionado la tirantez entre Madrid y Rabat en días. Entendiendo la naturaleza del foráneo, lo mejor era dejar que entre Monarcas negociaran, pero nuevamente la tozudez de Pedro Sánchez prefirió prescindir del servicio del Rey Felipe para "no poner a Su Majestad en riesgo" y nosotros nos preguntamos, ¿riesgo de qué? ¿A cuál guerra lo va a enviar? Bueno, lo mejor es no preguntar demasiado, no queremos darle ideas.

En todo caso, en riesgo potencial queda la relación Zarzuela-Moncloa. Total, fueron suyas las desleales acciones de pactar entre el PSOE y el partido de Pablo Iglesias a espaldas del Rey mientras oficiaba su primer viaje hacia la isla de Cuba en medio de las elecciones del 11 de noviembre del 2019. También se cuentan los "relevos" del presidente Sánchez en eventos cumbres en los que tradicionalmente ha brillado el Rey Felipe.

Ahora los espacios de acción del Rey Felipe son "invadidos" por Sánchez. ¿Cuánto más puede abarcar?

Luego tenemos boicoteos en fechas cumbre como la Pascua Militar, en la que anualmente se espera el discurso del Rey Felipe, y robarle protagonismo en escenarios como el Foro Económico Mundial. Esos detalles que saltan a la vista, también son aquellos donde se aprecia una obvia opacidad del Soberano y su familia a los meses más cruciales del paso de la COVID 19 por el país: mientras Pedro Sánchez se ubicaba en la primera línea de lucha a nivel de prensa, el Rey Felipe parecía un confinado más, teletrabajando desde casa.

¿Cuánto más se puede reducir el rol del Rey Felipe? La tirantez entre Zarzuela y la Moncloa dificulta los consensos frente a una país, que necesita menos dramas y más respuestas. La seguridad personal ya no puede ser la causa que justifique restar protagonismo al Soberano, ya de por sí sometido a las decisiones de Sánchez, cada vez más viscerales y menos gerenciales. El protagonismo en este caso se comparte, se distribuye en diferentes rangos de acción, pues al final del día, todo lo que debe prevalecer es el bien colectivo y no los intereses partidistas.

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