INDIGNANTE

Las humillaciones y caprichos más absurdos de la Reina Letizia que el Rey Felipe ha tolerado

El carácter de la Consorte es motivo de disculpas, con demasiada frecuencia, para el Soberano.
viernes, 7 de mayo de 2021 · 04:30

Ser Consorte nunca fue un trabajo fácil, pero la Reina Letizia decidió que no sería una Grace Kelly, una Lady Di y menos que menos una sufrida Emérita Sofia. Todas mujeres admirables, pero marcadas por la pérdida de objetivos, de sus matrimonios, de su estabilidad, dos de ellas sufrieron accidentes que les arrancaron la vida, la última de este grupo es su némesis familiar. No repetiría patrones y, en su obstinación, terminó convertida en lo que la periodista catalana Pilar Eyre catalogó como "una máquina de reñir".

Debía tener cuidado la impetuosa Reina Letizia, quien en sus primeros años como miembro de la Familia Real vio de frente la cara de la traición por parte de algunos excompañeros del oficio periodístico y de la Casa Real, que dejaría filtrar datos escandalosos de la Monarca a modo de tapadera que desviara la atención de los medios para encubrir a Don Juan Carlos. Su carácter se agrió a un punto irreversible, nada la complacía, era absolutamente infeliz.

En poco tiempo, la personalidad radiante de la Reina Letizia, que deslumbró al Rey Felipe, se desvaneció.

Desde cambiar el menú de un importante evento 24 horas antes, tan solo porque este no era de su gusto, hasta supuestamente hacer llorar a una simpática periodista frente a sus compañeros es parte del repertorio anecdótico que "Lecturas" relata para exponer todas las veces que la Reina Letizia se ha pasado tres pueblos en su trato a los demás.

Por supuesto que detrás del comportamiento de la ofuscada e irritable Soberana siempre estaba el Rey Felipe dispuesto a disculpar ante todos la actitud de su esposa. Para todos sus arranques hubo siempre justificación: del primer momento relatado, a ese evento de medios asistió sin ella, después de que exigiera poner todo patas arriba para indignación de los organizadores.

El Rey Felipe ha debido disculpar cada uno de los desplantes de la Reina Letizia hasta hoy.

En el segundo caso, el desencuentro con la cronista, a quien hizo colapsar, fue solo el abrebocas de una relación que se mantiene tirante hasta hoy. La Reina Letizia jamás perdonó que los medios, dónde por supuesto conocía a muchos editores, directores y gente del oficio, se hicieran eco de chismes y disparates solo por ventas y ratings.

Sus peores confrontaciones ocurrieron - con justa razón - contra aquellos tertulianos que utilizaron sus espacios para ofenderla públicamente, vaya el caso de Jaime Peñafiel, a quien ella le bajó la cresta que pavoneaba por "Zarzuela" como amigo del Rey Juan Carlos. Delante de varios presentes, la Reina Letizia lo abordó a gritos, exigiéndole que cesara en sus intentos por desmoralizarla. En el caso del granadino, todo lo que consiguió la Consorte fue avivar más el avispero.

Confrontar a Peñafiel fue la peor idea que se le pudo ocurrir a la Reina Letizia.

Esto podría justificar una reducción considerable en sus círculos de amigos, quienes cerraban filas alrededor de la Reina Letizia y se volvían un acorazado impenetrable de silencio y discreción. En algún punto, sentía que debía defenderse, pero no asestaba contra los que causaban su malestar, sino contra quienes menos responsabilidad tenían sobre todo lo que le aquejaba.

Poco a poco su actitud implacable fue desapareciendo para dar paso a una versión menos confrontativa, pero mucho más reservada y celosa de su intimidad familiar y personal. La Reina Letizia se hizo en el oficio sin mirar hacia los lados, por las malas se hizo lugar sin evaluar el costo. Es entonces tiempo de cosecha. Que sea su trabajo el que hable por ella y no su temperamento o sus historias pasadas.