INSOSPECHADO

Los gestos nada discretos de la Reina Letizia hacia el Rey Felipe que ni la mascarilla puede ocultar

A pesar de su uso por medidas sanitarias, esto no le impide a la Monarca decir mucho, sin usar una sola palabra.
lunes, 4 de octubre de 2021 · 06:00

En la nueva realidad que vivimos hoy, el uso de mascarillas se ha convertido en un imprescindible para la vida cotidiana y aunque hay localidades y hasta países alrededor del mundo que en estas últimas semanas han flexibilizado su uso, al menos para los tiempos de Zarzuela nada ha cambiado: el Rey Felipe y la Reina Letizia deben usarla igual. La buena noticia es que esto constituye un gran ejemplo ante un escenario pandémico que no ha terminado, la mala noticia es que a los efectos noticiosos, no podemos adivinar qué gestos se esconden tras el material sanitario.

Después de un año y medio hemos desarrollado la inusual habilidad para adivinar, aún con la visual limitada, algunos estados anímicos. La tristeza de los monarcas y la Infanta Sofía ante la partida de la Princesa Leonor fue más que evidente, las sonrisas de cara al público en cada aparición oficial también y los intercambios de complicidad entre el Rey Felipe y la Reina Letizia en su reciente viaje a Portugal para la inauguración del primer centro especializado para el tratamiento e investigación del cáncer de páncreas también se pudo evidenciar.

El gesto que atrapó miradas y reflectores entre el Rey Felipe y la Reina Letizia en Portugal el pasado lunes.

Aunque ocurrió a inicios de esta semana, aún se recuerda con nitidez el instante en el que el Rey Felipe, al pie de unas escaleras, le dirigió algún comentario a la Consorte que debió resultarle de su agrado, pues en respuesta, echó la cabeza hacia atrás y en sus miradas se evidenció esa chispa que aún mantiene al matrimonio unido como una piña, más allá de lo institucional. Captados quedaron aquellos segundos y, vale decirlo, hasta de postal quedaron los reyes.

Pero un intercambio de atenciones casi pasa desapercibido frente a los ojos expertos de los medios presentes durante el almuerzo oficial que se celebró en palacio al día siguiente, con motivo de la visita del presidente de Angola, João Lourenço y su esposa Ana Afonso Dias. No se sabe qué motivó el momento, pero esta vez fue la Reina Letizia quien tomó la iniciativa y acarició la espalda de su esposo discretamente. Inmediatamente, él le respondió con una sonrisa que fácilmente se adivinaba.

Durante el almuerzo en honor al presidente de Angola, nuevamente los reyes fueron captados más cercanos que nunca.

Esto solo demuestra dos temas puntuales: 1. que ya sea de forma consciente o no, Sus Majestades tienen sus momentos y 2. que no importa cuán discretos sean, siempre hay alguien que en el momento preciso está observando, y con más detalle aún, apunta la cámara justo hacia su dirección.

Y la verdad es que desde hace tiempo, este ya no era un tópico habitual entre el Rey Felipe y la Reina Letizia, pues si los vemos durante los actos que presiden en conjunto, procuran eliminar cualquier intento de contacto físico, también expresiones de afecto demasiado efusivas, salvo en honrosas ocasiones, cuando la coyuntura lo merece. Ambos saben que cada evento protocolar será milimétricamente medido por los medios y cuidan mucho estos aspectos, que parecen menores, pero resultan un factor de distracción a nivel comunicacional que desdibuja la intencionalidad y el mensaje que alberga su esfuerzo conjunto.

En actos protocolares, el Rey Felipe y la Reina Letizia se comportan de acuerdo a lo que marca el protocolo, con honrosas excepciones.

Particularmente fue la Reina Letizia quien debió por las malas aprender a controlar sus emociones en público, pues dada su gran expresividad, era posible adivinar en cualquier cita si había desayunado bien o si había sostenido alguna discusión con el Rey Felipe esa misma mañana, de tal modo que el uso de las mascarillas habría sido verdaderamente efectivo durante años anteriores, ¡le habrían sido muy útiles ahorrándole el encabezado de cientos de tabloides!

Para estas fechas, la esposa del Rey Felipe es mucho más sabia y toma las cosas con mucha más calma. Comienza a recoger la sana cosecha de sus primeros años convulsos como Reina, con un papel reformulado de acuerdo a su necesidad de cambiar la percepción de lo que significa ser una Consorte real y la Princesa Leonor encaminada hacia el futuro institucional que le espera. Hoy puede permitirse distenderse en su rol y hasta dedicar algunos gestos cariñosos hacia su compañero de vida y hacia su familia si así lo considera necesario.

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