Parlamento gallego

Entre claveles y rosas, el PP sigue creciendo en Galicia

El nacionalismo también avanza.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 16:50

Se celebró la primera sesión del Parlamento gallego en tiempos de pandemia. Todo pareció diferente con las precauciones que amerita el tiempo, pero en el recinto se respiraba un viaje al pasado, con un PP de Alberto Núñez Feijóo similar al de Manuel Fraga de 1997 y una legislatura de tres partidos por primera vez desde el 2012. 

Ayer, tras las elecciones de hace un mes, volvió el formato de tres fuerzas: el Partido Popular (PP) con la aplastante mayoría de 42 diputados, el retorno del Bloque Nacionalista Gallego (BNG) con 19 lugares, y un Partido Socialista (PSOE) más atras, con 14 parlamentarios. Es la distribución de bloques más compacta en una cámara que siempre contó, como mínimo, con un partido nacionalista.

En el 2012 había entrado la Alternativa Galega de Esquerda (AGE) al Parlamento, como una anomalía en la tradición política gallega. Estaba liderada por Xosé Manuel Beiras y Yolanda Díaz, con nada más ni nada menos que Pablo Iglesias de asesor. Esa nueva política parecía llegar y quedarse para siempre, con el deseo de canalizar la indignación del 15-M a las instituciones.

Ocurrió que AGE era una formación política más clásica de lo que se preveía. Dos años después, se dividió. Su sucesora “En Marea”, ya con Podemos en la escena nacional, también tuvo escisiones para que el Parlamento gallego terminé sumando cinco grupos en total: cuatro votados popularmente, y el restante mixto.

Ana Pontón está al frente del histórico BNG.

Al predominio del partido de Feijóo, el recinto compostelano suma aires de “recuperación nacionalista”. El BNG logró alcanzar y superar la barrera de 15 escaños. Tiene poder para solicitar comparecencias, sesiones, comisiones o presentar mociones de censura siempre que quiera. El PSOE quedó debilitado en este punto, con sus 14 diputados, al no tener poder para proponer agendas en el Parlamento gallego.

Si bien el partido de Pontón se contentó con los resultados, el sueño nacionalista de alcanzar mayorías fue efímero. Ese modelo de Catalunya y Euskadi, fue solo una ilusión que duró hasta que se contaron los votos y el PP impusiera 42 diputados, uno más que hace cuatro años. Esta es su octava mayoría absoluta en la historia, en once legislaturas, además de ser la cuarta consecutiva. 

El Parlamento repite la fórmula de dominio popular y reparto de tres fuerzas.

Los diputados populares se los podía ver a multitudes, aplastantes con su mayoría numérica, los del PSOE llevaban rosas, y los del BNG mostrando claveles de la revolución portuguesa y el libro Sempre en Galiza de Daniel R. Castelao. El famoso libro lo utilizaron para acatar la Constitución por “imperativo legal”. Homenajearon el simbolismo instaurado por Beiras en 1985, justamente en un día clave de su vida política al dejar atrás la pérdida, por escisión, de su antiguo líder político.

Entre otros formalismos de interés, el presidente gallego Feijóo ratificó como presidente de la Cámara a Miguel Santalices, apegado ideológicamente a José Manuel Baltar, de Ourense. Diego Calvo, cercano a Pablo Casado (PP), sigue siendo vicepresidente primero.

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